Como cada vuelta de vacaciones de Navidad, todos los alumnos al entrar por primera vez al aula deseandote un felíz año y preguntándo ¿que te han echado los reyes, profe? ¿como lo has pasado en Navidad? aporta un sentimiento de cariño especial que nunca olvidas.

Voy aprendiendo cada día que es necesario motivarles, quererles, aportarles más cosas que simples conocimientos. Esa asignatura que no está en las programaciones y que quizás tenga más potencial que cualquier objetivo de cualquier área educativa nos puede servir para educar en cualquier conocimiento.

Cada día que pasa voy intentando tener más presente las emociones en mi aula como medio para canalizar los aprendizajes y esto me lleva a buscar nuevas actividades que les gusten, se motiven, y así llegar a abrirles las puertas al conocimiento. En realidad, con la música lo tengo bastante fácil lo difícil es saber gestionar este potencial en actividades.

Es por este paulatino cambio por lo que decidí convertir unas actuaciones de Navidad en un proyecto de clase en el cual los alumnos se enfrentaban al desarrollo de su propio performance. Magia, Chistes, Percusión, Cantantes, Bailes, etc.. todo un show para celebrar que acababa un trimestre y empezaban unas vacaciones.

El resultado ha sido increíble. Los miedos del principio se fueron convirtiendo en emoción. Las mentes en blanco de la primera puesta en marcha se iba tornando a colores en sus cabezas. Todo iba brotando poco a poco hasta llegar al mismo día de la actuación donde los nervios invadían a los grupos de bailarines, cantantes, percusionistas… viendo como despertaban la diversión y aplausos del joven público.

Al volver de vacaciones, después de darles por tercera o cuarta vez mi enhorabuena, volví a preguntarles si volverían a hacer de nuevo la misma actuación. La respuesta fue unánime. Sí. Han perdido el miedo. Esto junto al aplauso de algunos profesores volcados en este tipo de actividades hacen que el trabajo en esta dirección se refuerce día a día.

Gracias

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